Por Lucía Briones
Abogada especialista en violencia familiar
Según estadísticas mundiales, siempre que hay violación o abuso sexual tenemos entre un 83% y un 86% de casos en que la víctima conoce al agresor. Es decir, es de su entorno; tal vez no del más íntimo o directo, pero de su entorno: un familiar, un vecino, un compañero de colegio. Por otra parte, en los últimos 20 años ha cambiado la proporción en torno al sexo de las víctimas. De cada 10 casos de abuso sexual, en ocho las víctimas eran mujeres y en dos eran hombres. Ahora la proporción es de seis mujeres y cuatro varones, casi siempre menores de edad. La familia debe colaborar para que la víctima supere el trauma. No es bueno para quien padeció una situación como esta que su familia haga de cuenta que no ha pasado nada y que se oculte, porque todo lo que sufrió la víctima queda adentro. El daño que sufrió el menor es muy grande y queda una marca prácticamente indeleble. Un especialista marplatense habla de "El cuerpo robado", porque es como que se le roba el cuerpo al menor. ¿Cuáles son los sentimientos de estos niños abusados? Sienten que no sirven, que no valen. Algunas veces el único sentido que encuentran es ocultar el cuerpo. Este especialista marplatense cuenta que le tocó atender a una paciente que se había vuelto obesa, vestía de manera holgada y comía porque tenía mucha ansiedad. En el tratamiento descubrió que ella había sido violada cuando era chica, y como consecuencia de ello no quería ser deseada. Era gordita y vestía esas ropas para que nadie la viera ni la pudiera querer. Hay otros casos en los que caen en la prostitución, porque de la única manera en que sienten que vale su cuerpo es si pagan por él.